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Este podcast quiere descubrir librerías y bibliotecas desperdigadas por el mundo que además de guardar libros, esconden sus propias historias que merecen ser contadas.

¿Cómo he llegado hasta aquí?
Siempre había pensado que yo era una de esas personas que no había encontrado algo que le apasionara en la vida. A día de hoy, creo que la mayoría de las personas somos de «pasiones serenas». Esas pequeñas cosas que no tienen reconocimiento público pero que cada una de nosotras reconocemos como constantes en nuestra vida. En mi caso he descubierto que son los libros.

Siempre me ha gustado leer y ello me ha llevado a que en cada una de las ciudades donde he vivido haya hecho siempre dos cosas como rito iniciático. Buscar un mercado tradicional y la biblioteca de la que hacerme socia. Después, poco a poco, descubrir las librerías de esa ciudad. Así que confirmo de primera mano que alimentarnos fisiológica y filosóficamente tienen que estar juntas en la parte baja de la pirámide de Maslow y las necesidades humanas.

La palabra «cultura» viene de «cultivare» desde que Cicerón lo utilizó(1) para referirse al hecho de alimentar el espíritu. En castellano, en 1729, en el primer diccionario de la Real Academia Española da tres acepciones de cultura: “La labor del campo o el ejercicio en que se emplea el labrador o el jardinero. (2) No es el uso más común hoy en día, pero esta palabra acaba por explicar muy bien la relación entre cuerpo y mente.

La primera ciudad en la que viví más allá de la casa de mi familia, fue en Roma. Allí encontré mi mercado y mi biblioteca. Y allí encontré la librería que sigo utilizando de referencia cuando entro en otras y sin querer las comparo. Guardo muchos recuerdos de aquella librería: su entrada, sus espacios, su cafetería, su piano, ¡sí, tenía un piano! Quizás fue eso lo que realmente me enamoró. Allí comencé a decir en público que algún día, me gustaría tener o trabajar en algún sitio así. Y esa idea sigue ahí, evolucionada, con distintas opciones más o menos locas. Lo gracioso es que soy profesora de emprendimiento y veo de antemano la dificultad de la viabilidad del negocio. Pero claro, yo no lo veo como negocio desde el punto de vista económico sino como otra cosa. Y sin duda, seguirá siendo un proyecto de emprendimiento.

Así que sí, me encantan los libros: por dentro y por fuera. ¿Seré bibliófila? Esa idea de tener, coleccionar, atesorar libros. La bibliofilia habla de un amor por los libros más por sus valores estéticos o cuantitativos que por su propio contenido. Pero en muchos casos, va una cosa de la mano de la otra? ¿O no?
La historia nos ha dado bastantes personas conocidas bibliófilas:
Madame de Pompadour, ¡solo hay que ver el cuadro que Boucher nos dejó de ella, no solo con un libro en la mano, sino con una librería detrás de ella.
Y qué me decís de Napoleón, ¿sabíais que se llevaba una colección de 3000 libros a sus campañas militares? Cosa que no le impedía saquear los archivos y bibliotecas de otros. (3) Y por supuesto, no podemos olvidar a Marcelino Menéndez Pelayo cuyo amor por los libros dio lugar no solo a muchas de sus obras sino también a una espectacular biblioteca y muchas anécdotas. 
Pero es que ¡cómo no admirarlos! ¿Habéis pensado cuántas cosas relevantes de nuestra historia y vida han comenzado con un libro? ¿Creéis que la URSS hubiese existido sin Marx no hubiese escrito «El Capital»? Abraham Licoln reconoció que «La cabaña del tío Tom», escrito por Harriet Beecher Stowe, tuvo que ver con la Guerra Civil Americana (4).

No sé cuál será la palabra para el amor por los libros y por los lugares que los contienen. Pero ¡qué haríamos sin bibliotecas y librerías! ¿No es hasta curiosa su relación de «false friends» en inglés y varios idiomas romances? Y ese tercer lugar, no podemos olvidarnos de esas pequeñas bibliotecas de nuestras casas. ¿Quién no echa un vistazo a las estanterías de la casa que visitamos por primera vez? Lo hacemos para entender o conocer a esa persona. Para mí, representa hasta cierto punto la frase de Leonardo da Vinci:  «Todo nuestro conocimiento tiene principio en los sentimientos» (5)

La cuestión es, ¿quién no ha oído hablar de la biblioteca de Alejandría? ¿O de la Nueva York? Seguro que muchas hemos visto este lugar en películas como «Cazafantasmas», «Sexo en Nueva York» o «El día de mañana». Y librerías también, seguro. ¿No se os viene a la cabeza imágenes de la librería El Ateneo de Buenos Aires o de Lello en Oporto por su relación con Harry Potter (que ahora parece que ya no es)? Y la aparición de librerías en películas como «Notting Hill», «Tienes un email» o «Serendipity».

Por no hablar de libros que tiene por protagonistas o personajes de las historias a bibliotecas  como «Biblioteca Nacional» de Mario Crespo y no se puede olvidar, por supuesto, «El nombre de la rosa» de Umberto Eco. Pero mis favoritas, reconozco que son las que tienen librerías y sus libros. Maravillosas novelas como «La biblioteca ambulante» de Christopher Morley, «La librería» de Penelope Fitzgerald versionada en película por Isabel Coixet recientemente o el gran clásico «84, Charing Cross Road», de Helene Hanff.

Cuando organizo un viaje me gusta incluir siempre en la lista algún sitio de este tipo: una biblioteca o una librería, o ambas si puede ser. Me gusta entrar en ellas e imaginar qué ha pasado allí antes, qué historias, anécdotas esconde y qué nos hace a todas las personas que estamos allí seguir yendo a visitarlas. Lo que quiero es descubrir esas otras historias que esconden librerías y bibliotecas de todo el mundo, porque su vida también merece la pena ser contada.

(1) Utilizado por Cicerón, en su Tusculanae Disputationes, quien escribió acerca de una cultivación del alma o “cultura animi”, para entonces utilizando una metáfora agrícola para describir el desarrollo de un alma filosófica. https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura#Etimolog%C3%ADa 

(2) https://www.letraslibres.com/mexico-espana/el-primer-concepto-cultura

(3) Pérez-Rioja, J.A. (1995) Elogio del libro, Confederación Española de Gremios y asociaciones de libreros, Madrid, p. 77

(4) https://elpais.com/elpais/2018/03/18/3500_millones/1521377730_774324.html (5) Pérez-Rioja, J.A. (1995) Elogio del libro, Confederación Española de Gremios y asociaciones de libreros, Madrid, p. 90

Lucía Llano Escrito por:

6 comentarios

  1. Jaime Herrero Benito
    06/19/2020
    Responder

    Buenas noches!!! Me encanta!!! Te espero tomando un té en La buena vida, en Madrid.

    • Lucía Llano
      07/07/2020
      Responder

      Igual hay que pensar en un episodio sobre esa librería. Lo he pensado un poco y tiene hilo conductor. Igual muy personal, pero hay que darle una vuelta. ¡Gracias Jaime!

  2. Ana
    07/06/2020
    Responder

    Es tu destino, alguien que vacía y abandona en un aeropuerto las pertenencias de su maleta para poder llevarse consigo libros…
    Tus actos lo dicen todo, son la mejor definición de amor hacia la cultura.

    Gracias por compartir!

    • Lucía Llano
      07/07/2020
      Responder

      Y tener a quién contárselo sin que te mire raro. ¡Gracias Ana!

  3. Elena
    07/20/2020
    Responder

    ¿Qué haríamos sin esos espacios donde los libros nos arropan? Gracias por honrarlos con este podcast.

    • Lucía Llano
      07/21/2020
      Responder

      ¡Qué forma tan bonita de expresarlo! Y gracias por animar a seguir con esta idea.

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